La formación docente es el proceso mediante el cual nosotros los educadores desarrollamos competencias pedagógicas, disciplinares, éticas y sociales necesarias para guiar el aprendizaje. Así tenemos el aporte de, John Dewey, con su enfoque pragmatista, considera que la formación docente debe estar orientada hacia la experiencia reflexiva y práctica, puesto que educar no solo implica transferir conocimientos, sino también generar un entorno en el que los estudiantes desarrollen el pensamiento crítico para participar activamente en la sociedad.
De la misma forma, las políticas públicas son el marco normativo que guía la orientación, los recursos y los objetivos del sistema educativo. Desde la teoría crítica de la educación, como la planteada por Paulo Freire, las políticas deben entenderse como instrumentos para superar las desigualdades y construir modelos formativos que reflejen las necesidades de la comunidad. Sin embargo, estas políticas también corren el riesgo de ser diseñadas desde una perspectiva tecnocrática, desconectada de las realidades y necesidades locales.
Por otro lado, estas tecnologías también generan desigualdades (el acceso desigual a dispositivos y conectividad en educación pública) y riesgos, como la deshumanización del proceso educativo. Siguiendo a Freire, es esencial que las tecnologías no se limiten a ser instrumentos pasivos, sino que se utilicen para promover el diálogo, la reflexión y el aprendizaje significativo. La clave está en humanizar la tecnología y no permitir que desplace las relaciones interpersonales esenciales para el aprendizaje.
Por ejemplo, el uso de la inteligencia artificial (IA) en la enseñanza transforma profundamente la práctica educativa al automatizar procesos como la evaluación, la personalización del aprendizaje y la gestión del aula. Sin embargo, esto plantea interrogantes éticas y filosóficas. Tales como, la educación debe preservar el sentido de lo humano, la capacidad de juicio y la acción deliberada.
En conclusión, la IA puede ser una herramienta poderosa, pero no debe sustituir el rol crítico del docente como mediador del conocimiento y formador ético. Además, existe el riesgo de perpetuar sesgos inherentes a los algoritmos y despersonalizar el aprendizaje. Por lo tanto, el desafío está en usar la IA de manera complementaria, asegurando que sirva para enriquecer, no reemplazar, las relaciones humanas y el pensamiento crítico en la educación.
Mgt. Homero Torres Z.